biografía


Antonia Naranjo París
Estación de Linares-Baeza, 1953
Durante varios años recibe clases en el
madrileño estudio del ilustre pintor y
profesor de Bellas Artes Don Francisco
Montoro Poza.
El trabajo de Antonia se centra en la
experiencia personal de la realidad e
intenta crear imágenes que
se correspondan de alguna manera con la
concepción y percepción que ella siente en
el discurrir de los días
En su obra cohabitan pintura y poesía de
forma espontánea con una técnica libre
que ha madurado a través de la
experimentación, la investigación y
numerosos viajes.
Para Antonia la comprensión de su pintura
está más allá de la búsqueda del color y la
sensibilidad de su alma queda plasmada en
cada rincón de su obra con sutiles
susurros de seducción.
En su haber tiene varios premios literarios
de relato corto y, en diciembre de 2014,
Editorial Séneca le publica su primer
poemario «Ya puedes amarme»


En marzo de 2016, Editoria Reding le publica su segunda edición. 

 

I
Hoy es un día torpe y lento, de esos que van
con los segundos ignorantes de aire.
De sandalias desgastadas.
De oscuros y arrugados pantalones
que no se ajustan ni al giro ni al cambio.
De borrón sin cuenta nueva
que se concentra demasiado en la carne abierta
de una flor de Baudelaire.
De mirada baja y de reojo
que me observa y me mide y hasta se esconde
para no perderme de vista ni separarme de su fecha.
De sabor que raspea en pócima pretérita
que viene regresando segura de su logro.
De olor agridulce, de ese que amarga un poco,
pero que en el fondo gusta y no en vano cautiva
con la sagacidad insidiosa del zorro.
Por más voces que se hallen,
por más fuerte que se haga el desafío,
no se podría escribir ni describir
la realidad tan abstracta, la densidad cortante
en las horas de este día
que toma asiento en la sala de espera
de la prisión de la nada, de la sombra pensativa,
de la súbita ceguera.
Y llora por sí, sin ser visto,
sin calma en esa amargura mal disimulada
que sabe que nada aguarda.
Y yo, como simiente de lo vivo
que sobrevive al desarraigo, lo miro con aplomo,
con la sonrisa fría del estoico.
antonia n.p.
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